por Ligia Houben | Jul 1, 2025 | Blog ES
Estar presente, en tu vida, tu trabajo, tu sanación, puede ser profundamente desafiante.
Especialmente cuando estás atravesando un duelo. Especialmente cuando estás viviendo una transición dolorosa que nadie más percibe… porque el dolor habita en silencio dentro de vos.
Tal vez nadie sepa lo que estás cargando—pero vos sí lo sabés.
Y aun así, te presentás.
Te presentás cuando el corazón está pesado.
Cuando vestirte ya se siente como un esfuerzo.
Cuando respondés correos con un nudo en la garganta, o cuidás a los demás mientras, en silencio, tratás de cuidar tus propias heridas.
Algunos días, quizás te dijiste que darías cinco pasos, y solo diste dos.
Pero esos dos pasos… cuentan.
Eso también es avanzar. Eso también es progreso. Eso también es resiliencia.
Porque la resiliencia no siempre ruge.
No siempre es visible o grandiosa.
Muchas veces es silenciosa, casi invisible.
Se ve como seguir, aunque el futuro se sienta incierto.
Se ve como elegir estar presente, incluso cuando te sentís desconectado/a.
Se ve como no renunciar a vos mismo/a… incluso cuando estás agotado/a.
Mostrarte no significa fingir que todo está bien.
No significa empujar el dolor o callarlo.
Significa elegir honrar tu verdad.
Significa susurrarte con ternura: “Estoy aquí. Estoy haciendo lo mejor que puedo hoy.”
A veces, mostrarse significa:
Decir “no” cuando tu cuerpo o tu alma necesitan descansar
Buscar a una amiga de confianza, incluso cuando cuesta poner en palabras lo que sentís
Respirar profundo antes de entrar a un lugar donde te sentís invisible
Llorar en el auto y aun así estar presente para quien depende de vos
Sentarte con tu dolor en lugar de huir de él
Y a veces, mostrarse también significa hacer una pausa.
Elegir la quietud.
Decirte: “Hoy no puedo… y eso también está bien.”
Esto también es parte del proceso de sanar.
Esto también es fortaleza.
Así que si estás en medio de algo difícil—duelo, pérdida, transición, desamor—sabé esto:
Cada vez que elegís presentarte, de la manera que puedas, estás practicando un profundo acto de amor propio.
Estás honrando tu humanidad.
Estás reconstruyéndote, con suavidad… desde adentro hacia afuera.
Y eso importa. Más de lo que te imaginás.
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | May 13, 2025 | Blog ES
El duelo muchas veces llega acompañado de un profundo silencio.
No solo es la ausencia física de un ser querido, sino también una sensación de desconexión emocional y social. Muchas personas que están atravesando una pérdida se sienten solas, pero no siempre logran identificar o nombrar lo que están viviendo.
Esa experiencia se llama soledad.
En este artículo, quiero acompañarte a distinguir entre soledad, aislamiento y un tiempo consciente para sanar, y cómo cada uno puede influir en tu proceso de duelo. Además, te compartiré pasos sencillos para volver a reconectar contigo misma y con los demás, sin sentirte abrumada.
La Soledad en el duelo
El duelo genera un espacio invisible entre la persona que lo vive y el mundo que la rodea.
Incluso rodeada de gente, una persona en duelo puede sentirse profundamente sola.
Esto no es solo tristeza. Es una herida silenciosa. Un deseo intenso de ser vista, de ser comprendida por alguien que ya no está.
Muchas de mis clientas me han dicho cosas como:
“Me siento invisible.”
“Nadie me entiende de verdad.”
Esa es la voz de la soledad. Y está bien nombrarla.
Nombrarla es el primer paso hacia la sanación.
Cuando no se reconoce, la soledad puede intensificar el dolor emocional, retrasar la recuperación e incluso convertirse en un duelo complicado o una depresión.
Soledad vs. aislamiento
Aunque desde fuera pueden parecer lo mismo, la soledad y el aislamiento son experiencias muy distintas.
La soledad es una elección consciente. Es un espacio sagrado para respirar, sentir y reconectar con tu interior.
El aislamiento, en cambio, es una forma de desconexión que surge desde el miedo, el dolor o la evitación.
La soledad puede sanar. El aislamiento puede herir.
Ejemplos de una soledad saludable:
Escribir en un diario lo que estás sintiendo
Orar o meditar
Caminar en la naturaleza
Crear algo: pintar, tocar música, escribir
Sentarte en silencio y permitirte sentir sin juzgarte
Ejemplos de aislamiento:
Evitar llamadas o mensajes
Quedarte en la cama todo el día sin propósito
Dejar de hacer actividades que antes te traían consuelo
Decir «estoy bien» cuando no lo estás y alejar a los demás
¿Cómo Reconocer la Diferencia?
Si no estás segura de en cuál de las dos estás, podés hacerte estas preguntas:
¿Estoy eligiendo este tiempo sola, o me estoy escondiendo?
¿Me siento más en paz o más vacía después de estar sola?
¿Hace cuántos días no tengo una conexión significativa con alguien?
La soledad deja una sensación de calma. El aislamiento, una sensación de peso.
Prestar atención no es para juzgarte, sino para observarte con amor y conciencia.
Pasos para reconectarte sin abrumarte
Volver a conectar no significa hacer grandes cambios. Muchas veces, empieza con algo pequeño. Aquí te comparto algunas ideas:
Llamá a una persona de confianza, aunque sea solo para una charla corta o una caminata.
Unite a un círculo de apoyo al duelo, en persona o de manera virtual, donde puedas sentirte vista y comprendida.
Crea un pequeño ritual de conexión: encendé una vela, escribí una carta a tu ser querido, y después llamá a alguien.
Poné en práctica la regla de los 20 minutos: mové tu cuerpo, salí al aire libre, respirá.
Permitite recibir. Si alguien te ofrece ayuda, intentá decir que sí al menos una vez.
No tenés que volver al mundo de golpe.
Un solo paso ya es un comienzo.
Y si sentís que no podés hacerlo sola, recordá: no estás sola.
Reflexión Final
Mientras atravesás tu duelo, date permiso de sentirte sola… pero no de quedarte allí.
Invitá momentos de soledad para sanar, y liberá el aislamiento poco a poco.
La sanación no ocurre en la desconexión.
Ocurre en la presencia, en la relación, y en el amor.
Si este mensaje resonó con vos, te invito a descargar mi guía gratuita en este mismo sitio «11 Mitos y Realidades sobre Pérdidas: Guía para Afrontar y Transformar una Pérdida» o enviame un correo @info@ligiahouben.com si deseas participar en nuestro próximo círculo de apoyo.
No tenés que recorrer este camino sola.
El duelo es un viaje,
y la sanación es posible—
un momento, una respiración,
un paso a la vez.
Este artículo fue tomado de mi podcast Transformando el duelo.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | May 6, 2025 | Blog ES
Algunas relaciones profesionales trascienden el tiempo. Se convierten en parte de tu historia, moldeando cómo sirves, creces y retribuyes. Así me siento respecto a mi conexión con Max Rothman y la Alliance for Aging.
Hace más de dos décadas, estaba inmersa en mi programa de gerontología en la Universidad Internacional de Florida (FIU), trabajando como asistente de enseñanza para Pamela Elfenbein, quien impartía los cursos de gerontología en el Centro de Envejecimiento. Fue una experiencia enriquecedora y memorable; incluso colaboramos en la creación de una guía multidisciplinaria para adultos mayores. ¡Aún conservo el manual, un recordatorio significativo de esa etapa en mi vida!
El director del Centro en ese entonces era Max Rothman, un líder brillante y profundamente respetado en el campo del envejecimiento. Su sabiduría, visión y calidez dejaron una impresión profunda en mí, y siempre he admirado la forma en que aboga por los adultos mayores con experiencia y corazón.
Nuestros caminos se volvieron a cruzar en 2008 cuando comencé a colaborar con Max a través de la Alliance for Aging, donde ahora se desempeña como CEO. Desde entonces, he tenido el honor de trabajar con la Alliance en varias iniciativas comunitarias. Su apoyo ha hecho posible:
Vive Largo y Aprende: Programas bilingües (inglés y español) nacidos durante la pandemia para acompañar a los adultos mayores a través de la conexión, la educación y la resiliencia mientras estaban en aislamiento.
Transformando el Duelo y la Pérdida: Programas de ocho semanas basados en mi metodología «Los 11 Principios de Transformación®», realizados en el Centro para la Transformación de Vidas, ofreciendo apoyo compasivo y herramientas para navegar el duelo y las transiciones.
Más recientemente, tuve el privilegio de asistir a la conferencia de 2025 de la Alliance for Aging, El Nuevo Rostro del Envejecimiento y el Arte de la Felicidad. Fue un evento inspirador que destacó las necesidades, voces y fortalezas en evolución de nuestra población mayor. Estar allí me recordó cuán visionario y esencial es el trabajo de la Alliance, y cómo Max continúa liderando con una integridad y propósito extraordinarios.
A Max, gracias por tu liderazgo y por siempre hacer espacio para colaboraciones significativas. Y a todo el equipo de la Alliance, gracias por su dedicación para empoderar vidas con dignidad, cuidado y compasión.
Con gratitud,
Ligia M. Houben
Tanatóloga | Autora | Coach de Transiciones de Vida
Fundadora, The Center for Transforming Lives (El Centro para la Transformación de Vidas)
por Ligia Houben | Abr 28, 2025 | Blog ES
Cuando un negocio que construiste empieza a desmoronarse.
O cuando tu carrera da un giro inesperado, y no por elección propia.
Esto también es duelo.
Puede que no venga con condolencias ni tarjetas de pésame.
Pero aun así duele. Y la mayoría de las veces, pasa desapercibido.
Como profesionales, a menudo se nos anima a «cambiar de rumbo» rápidamente, a «mantener una actitud positiva» o a «confiar en el proceso». Si bien estas intenciones pueden ser amables, pueden invalidar involuntariamente lo que estamos experimentando:
La pérdida de un sueño.
Ese sueño podría haber sido un puesto de liderazgo.
Una reinvención profesional.
Un sentido de propósito.
O simplemente, el reconocimiento de que tu trabajo importa.
Cuando ese sueño ya no es posible, o se retrasa indefinidamente, deja un dolor que puede afectar la motivación, la confianza e incluso la identidad.
Entonces, ¿cómo reconocemos este tipo de duelo sin vergüenza?
Empieza por nombrar lo que has perdido.
Pregúntate:
“¿Qué sueño tuve que no se ha hecho realidad?”
“¿Qué versión de mi futuro estoy lamentando en silencio?”
Escríbelo.
Dilo en voz alta.
Compártelo con alguien de confianza.
Este acto de nombrar no es debilidad, es valentía.
Porque cuando reconocemos lo que duele, dejamos de cargar con él solos.
Haz algo simbólico para cerrar el sueño, no para borrarlo, sino para crear espacio para algo nuevo.
Aquí tienes algunas acciones sutiles pero poderosas:
Escribe una carta de despedida al sueño.
Reconoce el esfuerzo, la esperanza, la visión.
Agradécele lo que te dio. Libera lo que ya no puede ofrecerte.
Crea una representación visual.
Imprime una foto, dibuja un símbolo o elige un objeto que represente el sueño.
Colócalo en una caja, un diario o incluso déjalo ir: a través del agua, el fuego o la tierra.
Sal a caminar con una pregunta:
«Si ya no persigo ese sueño, ¿qué parte de él aún vive en mí?».
Deja que la naturaleza, la respiración y el silencio te ofrezcan algo inesperado.
Declara un nuevo comienzo, ritualmente.
Elige un nuevo cuaderno. Reorganiza tu espacio de trabajo. Usa algo que refleje en quién te estás convirtiendo. Marca el cambio con intención, no con perfección.
Estas no son cosas pequeñas.
Son pausas sagradas, momentos en los que le dices a tu alma:
«Honro lo que fue y estoy abierto a lo que será».
No te rindes.
Le das dignidad a tu decepción.
Y desde ese lugar…
Puedes encontrar claridad.
Puedes encontrar resiliencia.
Puedes encontrar una nueva visión que no era visible a través de la niebla de un duelo sin procesar.
Puedes empezar de nuevo.
No fingiendo que no importó,
sino permitiendo que la pérdida te transforme en alguien aún más alineado con tu verdad.
El duelo en el mundo profesional merece ser nombrado, presenciado y transformado.
Dejemos de minimizar estas experiencias y comencemos a crear espacio para la sanación, incluso en el ámbito laboral.
Porque detrás de cada título perdido, sueño postergado o desvío inesperado…
hay un ser humano.
Con sentimientos.
Con profundidad.
Con el poder de resurgir.
Con compasión y propósito,
Ligia M. Houben
Experta en duelo y transiciones vitales | Oradora | Creadora de los 11 Principios de Transformación®
por Ligia Houben | Feb 26, 2025 | Blog ES
El duelo no es solo perder a un ser querido, sino también perder la versión de ti mismo que existía antes de esa pérdida. La forma en que veías el mundo, cómo te sentías seguro, cómo imaginabas tu futuro—todo eso cambia cuando el duelo entra en tu vida. Pero aquí está lo que la mayoría no se da cuenta: puedes reprogramar la forma en que experimentas el duelo, para que se convierta en un camino de transformación en lugar de un sufrimiento sin fin.
En la Programación Neurolingüística (PNL), sabemos que el cerebro funciona como una computadora. Se ejecuta en base a programas, muchos de los cuales son inconscientes. Cuando experimentamos un duelo profundo, nuestra mente suele instalar programas de dolor, culpa, arrepentimiento o impotencia. Estos programas se repiten una y otra vez, como un software antiguo que sigue fallando.
Paso 1: Identifica el programa de duelo que estás llevando a cabo
Pregúntate a ti mismo:
¿Qué historia me estoy contando sobre esta pérdida?
¿Estoy atrapado en un patrón de «Nunca volveré a ser feliz» o «Debí haber hecho más»?
¿Creo que puedo sanar, o hay una parte de mí que resiste esa idea?
Estos pensamientos crean tu realidad emocional. Cuanto más los repites, más automáticos se vuelven. Pero, al igual que un software desactualizado, pueden actualizarse.
Paso 2: Soltar la identidad del pasado
Cuando pierdes a alguien, no solo lo lloras a ellos—también lloras la versión de ti mismo que existía cuando estaban vivos. Aquí es donde muchas personas se quedan atrapadas. Se aferran a su identidad pasada, sin darse cuenta de que el duelo también puede ser una iniciación hacia una nueva versión de sí mismos.
Para soltar el viejo yo, prueba este ejercicio:
Visualiza tu antiguo yo, la versión de ti antes de esta pérdida. Reconoce lo que amabas de esa versión, pero también lo que ya no te sirve.
Agradece a esa versión de ti mismo por haberte traído hasta aquí.
Imagina dar un paso hacia tu nuevo yo, una versión que lleva consigo el amor y los recuerdos de tu pérdida, pero que también tiene la capacidad de experimentar alegría, propósito y sanación.
Paso 3: Instalar un nuevo programa de significado y transformación
Ahora, reescribamos la narrativa. En lugar de enfocarte solo en lo que perdiste, pregúntate:
¿Cómo puedo honrar a mi ser querido a través de la forma en que vivo?
¿Qué fortalezas ha despertado esta experiencia en mí?
¿Cómo puedo cambiar mi enfoque del sufrimiento al crecimiento?
Tu mente sigue la dirección en la que la guías. Cuanto más te enfoques en el significado, el honor y la transformación, más se reconfigurará tu cerebro para experimentar el duelo de manera diferente.
Paso 4: Encarnar tu nuevo yo
La transformación no es solo cambiar pensamientos, sino también cambiar tu estado emocional y tus acciones.
Cambia tu postura—el duelo a menudo nos hace encogernos físicamente. Abre tu pecho, mantente erguido, respira profundamente.
Cambia tu lenguaje—en lugar de decir «Nunca superaré esto», di «Estoy aprendiendo a vivir con esto de una manera que honra mi amor.»
Toma nuevas acciones—introduce rituales, crea una forma de celebrar su memoria o involúcrate en algo significativo que te conecte con la vida.
El Duelo como puerta de entrada a tu mejor versión
No estás destinado a ser la misma persona después de una pérdida. Estás destinado a evolucionar. El dolor es real, pero también lo es el potencial de crecimiento, sanación y significado.
Si has estado ejecutando un programa de sufrimiento, recuerda que puedes reescribirlo. Soltar no significa olvidar, significa permitirte transformarte mientras llevas el amor contigo.
¿Quién eliges ser después de esta pérdida? Esa elección es tuya.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben