por Ligia Houben | Jun 29, 2026 | Blog ES
Hay momentos que cambian nuestra vida para siempre.
Un desastre natural, como un terremoto, puede transformar la vida en cuestión de segundos. Lo que hasta hace un instante parecía seguro deja de serlo. Cambian los hogares. Cambian los planes. Y, para muchas familias, la vida queda dividida en un antes y un después.
Hoy mi corazón está con Venezuela.
Está con quienes lloran la muerte de un ser amado. Con quienes todavía esperan noticias de un familiar o un amigo. Con quienes perdieron su hogar, sus recuerdos más preciados o esa sensación de seguridad que todos necesitamos para vivir. También está con quienes viven en otros países y pasan estas horas con angustia, esperando una llamada o un mensaje que les confirme que sus seres queridos están bien, o se sienten con el corazón destrozado al ver tantas imágenes de destrucción y dolor.
Cuando me enteré de este terremoto, inevitablemente me acordé del devastador terremoto que destruyó Managua, la capital de mi querida Nicaragua, en 1972. Yo tenía 13 años y todavía recuerdo el miedo, la incertidumbre y cómo, en cuestión de segundos, nuestras vidas cambiaron para siempre. En esa tragedia se perdieron miles de vidas.
Quizás por eso hoy les escribo no solo como tanatóloga, sino también como alguien cuya vida fue marcada por un terremoto.
Hoy pienso en cada familia venezolana que está atravesando ese mismo miedo.
Porque un terremoto no termina cuando deja de temblar la tierra. Para muchas personas, el verdadero reto comienza después.
Comienzan las preguntas.
Comienza el miedo.
Comienza la incertidumbre.
Tal vez hoy tengás miedo de volver a entrar a tu casa. Quizás cada temblorcito que pueda haber haga que tu corazón vuelva a acelerarse. Es posible que te cueste dormir y que cualquier ruido inesperado te haga pensar que todo está ocurriendo otra vez.
Y si hoy estás llorando la muerte de un ser amado, quisiera poder abrazarte y darte mi apoyo. No existen palabras capaces de aliviar un dolor tan profundo. A veces, lo que más necesitamos no son respuestas, sino alguien dispuesto a sentarse a nuestro lado y acompañarnos en el silencio.
A lo largo de tantos años acompañando a personas en duelo, y habiendo experimentado este tipo de pérdida devastadora, he aprendido que una tragedia como esta trae consigo mucho más que la pérdida de vidas humanas.
También trae la pérdida de la tranquilidad.
La pérdida de la seguridad.
La pérdida de recuerdos familiares irremplazables.
La pérdida de sueños y proyectos.
La pérdida de la confianza de que mañana será un día como cualquier otro.
Son pérdidas de las que pocas veces hablamos, pero que también necesitan ser reconocidas y validadas.
Quizás hoy llorás.
Quizás no podés llorar.
Quizás sentís enojo.
O ansiedad.
O tal vez sentís que estás viviendo una pesadilla de la que todavía no despertás.
Cada corazón responde de manera diferente.
Y todas esas reacciones son profundamente humanas.
También pienso en quienes viven fuera de Venezuela.
Sé que la distancia también duele.
Tal vez llevás horas intentando comunicarte con tu familia. Quizás esperás un mensaje que todavía no llega. Tal vez darías cualquier cosa por estar allí abrazando a las personas que amás. Incluso podrías sentir culpa por lo que están viviendo tus compatriotas mientras vos estás lejos y a salvo.
Y también pienso en quienes, al ver esta tragedia, sienten miedo. Los desastres naturales nos recuerdan lo frágil que es la vida. Nos hacen pensar en las personas que amamos y nos confrontan con una realidad que ninguno de nosotros puede controlar.
Muchas personas me han preguntado en estos días:
«¿Cómo puedo ayudar?»
La verdad es que ayudar no siempre requiere hacer algo extraordinario.
A veces es una llamada.
Un mensaje.
Escuchar sin apresurarnos a dar consejos.
Simplemente preguntar:
«¿Cómo estás?»
«¿Qué necesitás hoy?»
Si está a nuestro alcance, también podemos ayudar con alimentos, medicamentos, refugio o apoyo económico a través de organizaciones de confianza.
Pero hay algo que espero que nunca olvidemos.
Nuestro apoyo no debería terminar cuando las cámaras de televisión se alejan del lugar de la tragedia y dejan de transmitir de manera constante.
Con frecuencia, las semanas y los meses que siguen son los más difíciles. Es entonces cuando muchas personas comienzan a sentirse solas y olvidadas.
Seguí llamando.
Seguí preguntando cómo están.
Seguí estando presente.
Cuando ocurre una tragedia, nuestras diferencias pasan a un segundo plano y lo que realmente nos une es nuestra humanidad.
Una tragedia como esta nos recuerda lo valiosa y frágil que es la vida.
El amor importa.
La compasión importa.
La bondad importa.
Estar presentes los unos para los otros importa.
En momentos como estos, quiero llevar un mensaje de esperanza y de presencia. Creo profundamente en la capacidad que tenemos los seres humanos de apoyarnos mutuamente cuando más lo necesitamos.
Si hoy tu corazón está temblando, tratate con compasión.
Permitite llorar.
Permitite recibir ayuda.
Y cuando estés listo, permitite también convertirte en una fuente de esperanza para alguien más.
No podemos cambiar lo que ha sucedido.
Pero sí podemos elegir cómo cuidarnos y acompañarnos unos a otros a partir de hoy.
Quizás…
ahí es donde comienza la esperanza.
Con todo mi cariño,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | May 15, 2026 | Blog ES
A veces el duelo aparece en los lugares menos esperados.
No en el cementerio.
No durante el funeral.
No en el aniversario.
A veces el duelo aparece en el supermercado.
Estás ahí mirando los pudines… y de repente recordás cuánto le gustaba a tu mamá el pudín de vainilla.
Eso me pasó a mí la primera vez que fui al supermercado después de la muerte de mi madre. Me quedé ahí, mirando los pudines mientras sentía cómo las lágrimas llenaban silenciosamente mis ojos.
Y en lo profundo de mi corazón, sabía que esto era natural.
Era que estaba viviendo mi duelo.
Puede ser que al pasar frente al helado favorito de tu esposo sentís cómo el pecho se te aprieta sin aviso.
O escuchás una canción sonando suavemente de fondo y, por un momento, todo tu cuerpo recuerda.
Esa es una de las cosas que muchas personas no comprenden sobre el duelo:
El duelo no vive solamente en los grandes momentos.
También vive en los momentos cotidianos y ordinarios de la vida.
Y a veces esos momentos pueden sentirse increíblemente solitarios porque muchas personas no “lo entienden”.
A lo largo de los años, a través de mi trabajo en apoyo al duelo y los 11 Principles of Transformation®, he visto cómo muchas personas se cuestionan a sí mismas durante estas experiencias.
“¿Por qué estoy llorando aquí?”
“¿Por qué esto todavía me afecta tanto?”
“¿No debería estar mejor ya?”
Sin embargo, quizás una de las cosas más sanadoras que podemos comprender es esta:
Esto forma parte del proceso del duelo.
Como escribe acertadamente la experta en duelo Megan Devine en su libro *It’s OK That You’re Not OK*:
“Hay cosas que no pueden arreglarse. Solo pueden cargarse.”
El duelo es una de esas cosas.
No porque sanar sea imposible.
No porque la vida no pueda volver a tener significado.
Sino porque el duelo no es algo que simplemente “resolvemos”.
El duelo es amor.
Amor que recuerda.
Amor que extraña.
Amor tratando de expresarse después de una pérdida.
El supermercado nunca fue solamente un supermercado. Era un lugar lleno de recuerdos especiales y ahora… simplemente se siente diferente.
Por eso los lugares cotidianos pueden convertirse de repente en espacios sagrados de recuerdo.
Uno de los principios que frecuentemente enseño es que el duelo necesita validación, no juicio.
Cuando dejamos de criticarnos por nuestras emociones y comenzamos a escucharnos con compasión, algo dentro de nosotros lentamente comienza a suavizarse.
No porque el dolor desaparezca.
Sino porque dejamos de abandonarnos dentro del dolor.
Y poco a poco comenzamos a aprender cómo llevar el amor de una manera diferente.
Quizás hoy tu duelo apareció inesperadamente en un momento ordinario.
Si fue así, espero que recuerdes esto:
No estás retrocediendo.
Sos humano.
Y el amor continúa viviendo en los momentos más pequeños de la vida.
Mi reflexión para vos hoy:
¿Qué momento cotidiano te conecta inesperadamente con alguien que amás?
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | May 8, 2026 | Blog ES
Hace poco una orquídea llamó profundamente mi atención.
A primera vista, no parecía estar floreciendo.
Sus hojas estaban desgastadas. Algunas raíces lucían secas y expuestas. Partes de la planta mostraban señales visibles de temporadas difíciles. No era perfecta. Llevaba marcas evidentes de lucha.
Y sin embargo, algo extraordinario estaba ocurriendo.
Estaba floreciendo.
Flores brillantes y llenas de vida emergían de una planta que claramente había atravesado dificultades.
Mi esposo cultivó esta orquídea. La cuidó con paciencia. La nutrió constantemente. Le prestó atención.
Y al observarla, comprendí cuánto reflejaba la experiencia del duelo.
Porque el duelo muchas veces se siente así.
Cuando estamos de duelo, tendemos a enfocarnos en las partes de nosotros que se sienten rotas, agotadas, cambiadas o frágiles. La pérdida deja marcas. Ya sea que estemos atravesando la muerte de un ser amado, un divorcio, responsabilidades como cuidadores, el envejecimiento, una enfermedad u otra transición dolorosa de vida, el duelo nos transforma.
La vida no permanece intacta después del dolor.
Y aun así, al igual que la orquídea, los seres humanos tenemos la capacidad de seguir creciendo cuando somos nutridos con cuidado, apoyo y compasión.
La sanación no ocurre en aislamiento.
Por eso el apoyo en el duelo, el grief counseling, el grief coaching y los programas transformacionales de duelo pueden ser tan significativos. No estamos hechos para cargar el dolor solos.
Necesitamos espacios donde el duelo pueda ser honrado sin juicio.
Necesitamos personas que se sienten a nuestro lado sin apresurar nuestro proceso.
Necesitamos sistemas de apoyo que nos ayuden a comprender lo que estamos experimentando emocional, física, mental y espiritualmente.
Necesitamos recordar que el duelo no es debilidad. Es una respuesta natural a la pérdida.
A lo largo de los años, a través de mi trabajo en apoyo al duelo, educación sobre el duelo y los 11 Principles of Transformation®, he visto cómo las personas comienzan a sanar cuando se sienten validadas, comprendidas y acompañadas.
No porque la pérdida desaparezca.
Sino porque el apoyo cambia la manera en que cargamos el dolor.
En The Center for Transforming Lives, así como a través de programas en línea y apoyo personalizado, acompaño a las personas en su proceso de duelo utilizando Los 11 Principles of Transformation®: un marco estructurado y significativo diseñado para ayudar a las personas a pasar del sufrimiento a honrar con amor.
Los principios no se tratan de “superar” el duelo.
Se trata de aprender a vivir con la pérdida de una manera más saludable, compasiva y significativa.
Ayudan a las personas a:
Comprender el duelo
Procesar emociones
Reconectarse consigo mismas
Descubrir significado después de la pérdida
Favorecer el crecimiento personal
Reconstruir la esperanza de manera gradual y auténtica
Porque el duelo, aunque doloroso, también puede convertirse en una invitación hacia una comprensión más profunda, sanación y transformación.
La orquídea me recordó que florecer no se trata de perfección.
Se trata de cuidado.
Se trata de lo que sucede cuando algo frágil es nutrido en lugar de ser descuidado.
Lo mismo ocurre con nosotros.
Cuando nos permitimos recibir apoyo, cuando participamos en grief counseling, grief coaching, programas transformacionales de duelo, grupos de apoyo o acompañamiento compasivo, algo dentro de nosotros comienza a suavizarse.
La sanación se vuelve posible poco a poco.
No porque la vida vuelva a ser exactamente como antes.
Sino porque lentamente aprendemos a seguir adelante llevando el amor de una manera diferente.
La orquídea no floreció a pesar de haber sido cuidada.
Floreció porque fue cuidada.
Y quizás esa sea una de las lecciones más profundas que nos enseña el duelo:
Incluso después de temporadas difíciles, con cuidado, apoyo, significado y compasión, podemos seguir creciendo.
Podemos seguir sanando.
Y como la orquídea, podemos seguir floreciendo.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Mar 13, 2026 | Blog ES
Hay momentos en la vida en que un evento inesperado lo cambia todo.
Recientemente me fracturé la muñeca izquierda. Siendo zurda, es mi mano dominante. Lo que siguió fue una cirugía reconstructiva, inmovilización y la conciencia de que incluso las tareas más simples ahora requerían ayuda, paciencia y adaptación.
Físicamente, fue una fractura.
Emocionalmente, fue algo más.
Cuando una lesión se convierte en pérdida
Solemos asociar el duelo con la muerte de un ser querido.
Pero el duelo es la respuesta natural ante cualquier pérdida significativa.
Una lesión puede ser una pérdida.
La pérdida de independencia.
La pérdida de la rutina.
La pérdida de fuerza.
La pérdida del cuerpo que damos por sentado.
Cuando mi muñeca quedó inmovilizada, sentí algo más profundo que incomodidad. Sentí vulnerabilidad. Limitación. Frustración.
Y eso también es duelo.
El duelo no reconocido después de una cirugía
Muchas veces minimizamos este tipo de experiencia.
“Es solo un hueso roto.”
“Podría ser peor.”
“Ya vas a sanar.”
Y aunque todo eso sea cierto, no invalida el impacto emocional.
A esto lo llamamos duelo no validado — un duelo real que muchas veces pasa desapercibido.
Cuando no lo reconocemos, lo reprimimos. Y lo que se reprime no desaparece.
Sanar desde adentro hacia afuera
Esta experiencia me recordó que la sanación nunca es solo física.
La recuperación nos pide:
• Paciencia
• Humildad
• Aceptación
• Confianza
• Autocompasión
Nos invita a bajar el ritmo.
Nos invita a permitir ayuda.
Nos invita a reconocer que algo cambió.
Y cuando validamos ese cambio, la sanación se vuelve más profunda.
Si estás atravesando una recuperación física o un cambio inesperado, permitite reconocer la pérdida que puede estar allí.
La validación es el primer paso hacia la transformación.
La sanación ocurre desde adentro hacia afuera.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Feb 27, 2026 | Blog ES
Cuando pensamos en el duelo, a menudo pensamos en la muerte de un ser querido.
Pero hay otro tipo de duelo que muchas personas llevan en silencio:
el duelo de ya no tener la vida que alguna vez tuvimos.
Podemos sentir duelo por un estilo de vida.
Por amistades que cambiaron.
Por actividades que antes definían nuestros días.
Por un sentido de identidad que ya no encaja.
A veces no ocurrió nada “dramático”.
O quizás ocurrió todo.
Una mudanza.
Un divorcio.
Un cambio en la salud.
Un cambio de carrera.
Una pérdida que alteró la estructura misma de la vida.
Y, sin embargo, este duelo a menudo permanece sin hablarse y no es validado. Intentamos ignorarlo.
¿Qué nos lleva a hacer esto?
Podemos sentir que es… trivial.
Las personas pueden decir comentarios como:
“Deberías estar agradecido.”
“Al menos todavía tienes…”
“Podría ser peor.”
Este tipo de duelo es lo que llamamos duelo desautorizado o no reconocido: un duelo que es real pero que no siempre es reconocido o validado por los demás.
Y cuando el duelo no es validado, no desaparece.
Se va hacia adentro. Se reprime.
No eres débil por extrañar tu vida anterior
Es natural y humano extrañar lo que alguna vez te dio sentido.
No eres superficial por extrañar:
la forma en que fluían tus días
el círculo social que tenías
la versión de ti que te resultaba familiar
la identidad que tenía sentido
Estás en duelo por la continuidad.
Estás en duelo por la vida que se sentía conocida.
Y ese duelo merece espacio.
Qué hace que este tipo de duelo sea tan difícil
Este duelo es desafiante porque:
No hay funeral
No hay ritual
No hay reconocimiento público
Nadie te pregunta cómo estás
Así que lo llevas en silencio.
Incluso puedes juzgarte:
“¿Por qué me afecta tanto?”
“Otros están peor.”
“Ya debería haberlo superado.”
Pero el duelo no es una competencia.
La pérdida es pérdida.
Cuando un capítulo de vida termina, algo dentro de nosotros debe reorganizarse.
Eso toma tiempo. Requiere adaptación. Requiere aceptación.
Cómo afrontar el duelo de una vida que ya no es
Nombrarlo
Simplemente reconocer:
“Extraño mi vida anterior”
es poderoso.
Nombrar el duelo le da dignidad.
Permitir tanto la gratitud como la tristeza
Puedes estar agradecido por lo que tienes
y aun así llorar lo que cambió.
Ambas cosas pueden coexistir.
Honrar lo que fue
Lo que tuviste fue importante para ti.
Fue parte de tu identidad.
Fue parte de tu manera de ver el mundo.
Te dio alegría.
Tienes derecho a honrar ese capítulo.
Redefinir la identidad desde adentro hacia afuera
En lugar de preguntarte:
“¿Quién soy ahora?”
pregunta:
“¿Qué partes de mí permanecen?”
No estás empezando desde cero.
Estás evolucionando.
Crear pequeñas continuidades
Incluso una actividad, hábito o conexión familiar puede ayudar a reconstruir una sensación de estabilidad.
El duelo se suaviza cuando la vida recupera ritmo.
No estás solo en este duelo silencioso
Muchas personas viven en silencio el duelo por la vida que una vez conocieron.
Puede que no lo veas en redes sociales.
Puede que no lo escuches en conversaciones.
Pero existe en muchos corazones.
Si esto resuena contigo, recuerda:
Tu duelo es comprensible.
Estás siendo humano/a.
Y… aún puedes elegir quién deseas llegar a ser.
Recuerda…tu vida tiene significado.
Ligia M. Houben