A veces el duelo aparece en los lugares menos esperados.
No en el cementerio.
No durante el funeral.
No en el aniversario.
A veces el duelo aparece en el supermercado.
Estás ahí mirando los pudines… y de repente recordás cuánto le gustaba a tu mamá el pudín de vainilla.
Eso me pasó a mí la primera vez que fui al supermercado después de la muerte de mi madre. Me quedé ahí, mirando los pudines mientras sentía cómo las lágrimas llenaban silenciosamente mis ojos.
Y en lo profundo de mi corazón, sabía que esto era natural.
Era que estaba viviendo mi duelo.
Puede ser que al pasar frente al helado favorito de tu esposo sentís cómo el pecho se te aprieta sin aviso.
O escuchás una canción sonando suavemente de fondo y, por un momento, todo tu cuerpo recuerda.
Esa es una de las cosas que muchas personas no comprenden sobre el duelo:
El duelo no vive solamente en los grandes momentos.
También vive en los momentos cotidianos y ordinarios de la vida.
Y a veces esos momentos pueden sentirse increíblemente solitarios porque muchas personas no “lo entienden”.
A lo largo de los años, a través de mi trabajo en apoyo al duelo y los 11 Principles of Transformation®, he visto cómo muchas personas se cuestionan a sí mismas durante estas experiencias.
“¿Por qué estoy llorando aquí?”
“¿Por qué esto todavía me afecta tanto?”
“¿No debería estar mejor ya?”
Sin embargo, quizás una de las cosas más sanadoras que podemos comprender es esta:
Esto forma parte del proceso del duelo.
Como escribe acertadamente la experta en duelo Megan Devine en su libro *It’s OK That You’re Not OK*:
“Hay cosas que no pueden arreglarse. Solo pueden cargarse.”
El duelo es una de esas cosas.
No porque sanar sea imposible.
No porque la vida no pueda volver a tener significado.
Sino porque el duelo no es algo que simplemente “resolvemos”.
El duelo es amor.
Amor que recuerda.
Amor que extraña.
Amor tratando de expresarse después de una pérdida.
El supermercado nunca fue solamente un supermercado. Era un lugar lleno de recuerdos especiales y ahora… simplemente se siente diferente.
Por eso los lugares cotidianos pueden convertirse de repente en espacios sagrados de recuerdo.
Uno de los principios que frecuentemente enseño es que el duelo necesita validación, no juicio.
Cuando dejamos de criticarnos por nuestras emociones y comenzamos a escucharnos con compasión, algo dentro de nosotros lentamente comienza a suavizarse.
No porque el dolor desaparezca.
Sino porque dejamos de abandonarnos dentro del dolor.
Y poco a poco comenzamos a aprender cómo llevar el amor de una manera diferente.
Quizás hoy tu duelo apareció inesperadamente en un momento ordinario.
Si fue así, espero que recuerdes esto:
No estás retrocediendo.
Sos humano.
Y el amor continúa viviendo en los momentos más pequeños de la vida.
Mi reflexión para vos hoy:
¿Qué momento cotidiano te conecta inesperadamente con alguien que amás?
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben



