por Ligia Houben | Jul 29, 2025 | Blog ES
Existe un tipo de duelo que muchas mujeres llevan en silencio.
No siempre es por la pérdida de alguien más.
A veces, es por la pérdida de una misma.
Puede comenzar después de la muerte de un ser querido.
Después de cuidar a otros durante años.
Después de un divorcio.
Después de un diagnóstico.
Después de ver un sueño apagarse.
O simplemente, después de años de haber sido todo para todos… menos para ti.
Tal vez al principio ni siquiera te diste cuenta de que era duelo.
Solo sabías que algo dentro de ti se había apagado.
Te mirabas al espejo y te preguntabas: ¿Dónde está la mujer que yo era?
La mujer alegre, curiosa, llena de vida y propósito.
A esto yo lo llamo: el duelo por la mujer que solías ser.
Muchas mujeres atraviesan este duelo sin ponerle nombre.
Seguimos adelante.
Cumplimos nuestras responsabilidades.
Sonreímos.
Pero por dentro, sentimos un vacío—porque algo se perdió.
Tal vez fue la carrera que soñabas.
Tu energía creativa.
La seguridad con la que antes tomabas decisiones.
O la mujer que fuiste antes de una gran pérdida.
Este duelo es real.
Y merece un espacio.
Merece ternura.
– Estancada, como si la vida siguiera pero vos no.
– Entumecida, funcionando por fuera pero apagada por dentro.
– Cansada, como si llevaras un peso que no lográs soltar.
No es que estés fallando.
No es que estés rota.
You are grieving.
Estás en duelo.
Y estás en un proceso de transformación, aunque no lo veas todavía.
En este espacio hay sabiduría.
Hay sanación cuando dejamos de fingir.
Hay fuerza en nombrar lo que hemos perdido, no solo afuera, sino dentro de nosotras mismas.
Y hay belleza en recuperar partes de esa mujer…
o en descubrir quién estás lista para ser ahora.
Si sentís que algo dentro tuyo pide ser escuchado…
Si estás sosteniendo más de lo que podés nombrar…
quiero que sepas esto con todo mi corazón:
No estás sola. Y este tipo de duelo también merece ser honrado.
Te acompaño,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Jul 10, 2025 | Blog ES
Expandiendo en el valor de la gratitud.
En el blog anterior, mencioné la gratitud como una de las herramientas espirituales.
En esta ocasión, me gustaría profundizar en el valor de ser agradecidos y cómo esto influye en la calidad de nuestras vidas.Ha habido temporadas en mi vida en las que parecía que todo estaba cambiando, cuando los roles familiares se disolvían, las relaciones cambiaban y el futuro parecía incierto. En estos momentos de pérdida y transición, una fuerza silenciosa siempre me ha guiado a casa conmigo misma: la gratitud.
La gratitud es una de las herramientas espirituales más poderosas a las que podemos acceder.
No niega nuestro dolor. No nos pide que minimicemos nuestro dolor. Lo que hace es ayudarnos a mantener el espacio para ambos: el dolor de lo que ha cambiado y la belleza de lo que aún permanece.
En mi metodología, el Tercer Principio de Transformación® nos invita a activar la dimensión espiritual a través de la gratitud, el perdón y el amor. Estos tres no son solo valores, son prácticas que nos ayudan a sanar de adentro hacia afuera.
La gratitud es una elección, no una condición
Mucha gente cree que solo podemos sentirnos agradecidos cuando todo va bien. Pero he aprendido, y he sido testigo en otros, que el tipo de gratitud más vivificante surge en medio de la lucha.
No se trata de forzar la positividad. Se trata de preguntar, aunque sea suavemente:
¿Por qué puedo estar agradecido ahora mismo, en medio de esta experiencia?
A veces la respuesta es simple: un amanecer, un amigo amable, un momento de quietud. A veces es más profundo: la fuerza que no sabía que tenía, la claridad que me ha dado la pérdida, el amor que aún vive en mi corazón.
La gratitud se convierte en un cambio en la percepción, una nueva forma de ver.
Por qué es importante la gratitud en tiempos de cambio
Cuando estamos pasando por una transición, especialmente después de una pérdida, nuestro sistema nervioso está en alerta máxima. Podemos sentirnos desconectados de nuestro sentido de identidad, seguridad o pertenencia.
Practicar la gratitud nos trae de vuelta al presente. Nos recuerda que, incluso en lo desconocido, hay algo —un hilo de bondad, un momento de tranquilidad, una presencia gentil— que podemos reconocer.
Y ese reconocimiento puede ponernos los pies en la tierra. Puede ofrecer un sentido de propósito, incluso cuando no tenemos todas las respuestas.
A Tool for Reconnection and Growth
En mi trabajo con personas en duelo y aquellas que atraviesan transiciones importantes en la vida, a menudo soy testigo de cómo la gratitud abre el corazón, poco a poco.
Nos reconecta—con nosotras mismas, con los demás y con la dimensión espiritual de nuestro camino.
La gratitud no borra el dolor, pero expande nuestro mundo interior para que el dolor no sea lo único que sentimos.
Crea espacio para la luz, el sentido y la transformación.
Cuando se practica con regularidad, nos ayuda a replantear nuestra historia—no como una definida por lo que perdimos, sino como una moldeada por el amor, el coraje y el crecimiento.
Si estás atravesando un cambio en este momento—ya sea la pérdida de un ser querido, la pérdida de identidad o un giro inesperado en la vida—te invito a hacer una pausa y reflexionar:
¿Qué sigue estando aquí, incluso ahora?
¿Qué me ha enseñado esta experiencia sobre mi fuerza, mis necesidades, mi corazón?
¿Por qué puedo dar gracias hoy, por más pequeño que sea?
La gratitud no tiene que ser grandiosa. Solo tiene que ser verdadera.
Y cuanto más la practicamos, más se convierte en un puente:
de sobrevivir… a realmente vivir.
Con cariño,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Jul 10, 2025 | Blog ES
Honrando el Tercer Principio de Transformación®
Cuando atravesamos una pérdida o una profunda transición en la vida, solemos buscar algo a qué aferrarnos—algo que nos sostenga cuando todo lo demás parece incierto.
A través de mi propio camino de duelo y sanación, y en mi trabajo acompañando a otras personas, he descubierto que la brújula más poderosa no está fuera de nosotras, sino dentro.
Por eso el Tercer Principio de Transformación® en mi metodología se enfoca en tres herramientas espirituales profundas:
No son solo conceptos abstractos. Son fuerzas activas.
Cuando se practican con intención, nos ayudan a pasar del sufrimiento a la paz interior y a la transformación—desde adentro hacia afuera.
Gratitud: ver con nuevos ojos
La gratitud no se trata de fingir que todo está bien.
Se trata de elegir notar lo que aún está aquí, incluso en medio del dolor.
Se trata de honrar los regalos, las lecciones, el amor compartido… y de encontrar sentido, incluso cuando las cosas no salieron como esperábamos.
Cuando practicamos la gratitud en el duelo o el cambio, desplazamos nuestra atención del vacío hacia la presencia.
Recordamos que la vida, incluso con sus imperfecciones, sigue ofreciéndonos belleza y conexión.
La gratitud se convierte en un ancla espiritual que nos recuerda que aún estamos vivas, aún somos capaces de sentir y aún estamos abiertas a sanar.
Perdón: liberar el corazón
Perdonar no es olvidar.
No es justificar acciones dolorosas.
No es apresurarse a superar el enojo o la traición.
El perdón es una decisión: dejar de cargar con el peso del dolor en el corazón.
Es una liberación. Un acto sagrado que dice: “Esto ya no me va a definir.”
Ya sea que perdonemos a otros, a la vida misma, o a nosotras mismas, esta práctica abre la puerta a la compasión.
Nos permite suavizar lo que se ha endurecido y comenzar de nuevo con ternura y verdad.
En el duelo, el perdón es a menudo lo que desbloquea nuestra capacidad de avanzar.
Limpia el camino para que el amor vuelva a entrar.
Amor: la energía que lo transforma todo
En el corazón de todo proceso de sanación está el amor.
Amor por la persona que perdimos.
Amor por la versión de nosotras que resistió.
Amor por la vida, incluso en su complejidad.
El amor es lo que nos conecta más allá de la muerte, más allá de la separación, más allá del cambio.
Es el hilo que nunca se rompe.
Cuando vivimos desde el amor, nos movemos con intención.
Elegimos la compasión sobre el resentimiento, la presencia sobre la evasión.
El amor se convierte en nuestra guía.
Nos recuerda que aún podemos vivir una vida con sentido—una vida que honre nuestras pérdidas, sin cerrarle la puerta a la alegría.
Vivir el Tercer Principio
Cuando invitamos la gratitud, el perdón y el amor a nuestra vida, activamos la dimensión espiritual de nuestra sanación.
Recordamos quiénes somos más allá del dolor.
Nos convertimos en participantes activas de nuestra transformación.
Este es el corazón de mi trabajo: no borrar la pérdida, sino ayudarte a vivir con ella—y crecer a partir de ella—con gracia, honestidad y valentía.
Que hoy encuentres un pequeño momento para agradecer.
Un paso hacia dejar ir lo que ya no te sirve.
Y una respiración enraizada en el amor—por vos misma, y por el camino que estás transitando.
Con esperanza,
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Jul 10, 2025 | Blog ES
Cuando el dolor entra en nuestras vidas, no solo afecta cómo nos sentimos; Afecta la forma en que vemos. Puede remodelar silenciosamente nuestra percepción de todo: nuestro pasado, nuestro presente y las posibilidades para el futuro.
De repente, lo que una vez nos trajo alegría puede parecer fuera de nuestro alcance. Los recuerdos cálidos se vuelven tenues. Los logros se sienten vacíos. Incluso las risas del pasado resuenan de manera diferente en nuestras mentes. No porque seamos débiles, ingratos o quebrantados, sino porque el dolor cambia la forma en que procesamos la realidad. Es como si alguien pusiera un filtro sobre la lente de nuestra vida, y ahora todo se ve a través de las sombras de lo que hemos perdido.
Cómo el duelo altera nuestra percepción
Esta lente emocional es especialmente pesada cuando el duelo es prolongado, no resuelto o complicado. Es posible que te encuentres mirando hacia atrás en tu vida y sintiendo que nada realmente importa. Incluso los momentos llenos de amor, alegría o éxito pueden parecer insignificantes o dolorosos a través de los ojos del dolor.
Los lugares donde antes te sentías seguro ahora pueden parecer extraños. Las personas en las que confiabas pueden parecer distantes. La vida misma puede parecer impredecible o injusta.
Esta experiencia no es infrecuente. Es parte de la forma en que el cerebro en duelo trata de dar sentido al dolor emocional profundo. Pero si bien esta percepción puede parecer omnicomprensiva, no es el final de la historia.
La gentil invitación a la sanación
Esta es una amable verdad que he descubierto a lo largo de años de caminar junto a personas en duelo:
así como nuestra visión puede ser nublada por el dolor, también puede ser suavizada por la curación.
Sanar no significa olvidar. No significa negar la pérdida o fingir que las cosas están bien. La verdadera sanación consiste en aprender a ver tu vida con nuevos ojos, ojos que honren tu dolor, pero que también dejen espacio para la belleza que aún existe.
Como profesional del duelo, no trato de borrar los recuerdos o el dolor de nadie. Eso no es curación. En cambio, ofrezco un espacio compasivo para ayudar a las personas a mirar de nuevo. Ver su historia no solo a través de la lente de lo que se perdió, sino también a través de la lente de lo que era significativo, lo que se amó, se dio, se recibió y se apoyó.
Recordando lo bello junto a lo roto
Con el tiempo y la ternura, muchas personas comienzan a notar cosas que antes no podían. Ven que su dolor es un reflejo de su amor. Reconocen la fuerza que se necesitó para sobrevivir. Recuerdan no solo el momento en que se despidieron, sino también los miles de pequeños momentos que vinieron antes: la risa, la presencia, la conexión.
Incluso en el mismo recuerdo, puede haber tristeza y dulzura. Incluso en la misma vida, puede haber sufrimiento y fuerza.
El dolor puede teñir el cristalino, pero la sanación nos permite ajustar el enfoque.
El panorama puede cambiar
Una metáfora poderosa que a menudo comparto con los clientes es esta: dos personas pueden mirar la misma pintura del sol bajo en el cielo, y una puede ver un amanecer, mientras que la otra ve un atardecer. Ninguno de los dos está mal. La diferencia está en la perspectiva.
El dolor puede convencernos de que cada imagen es una puesta de sol, un final. Pero la sanación nos invita a reflexionar: ¿y si es un amanecer?
No tienes que forzar ese cambio. No tienes que apresurarte. Pero sepan que es posible. La lente a través de la cual ves tu mundo se puede limpiar suavemente, no para olvidar, sino para honrar todo lo que has vivido… y todo lo que aún espera.
Ese es el poder de la esperanza.
por Ligia Houben | Jun 7, 2022 | Blog ES
El arte de acompañar en el duelo.
Este escrito es un extracto de un Facebook Live que hice el 21 de junio del 2020.
Buenas tardes a todos, estamos resumiendo nuestras pláticas de los domingos a las 6pmET, 4pm hora de Nicaragua. Siempre menciono Nicaragua de forma especial porque siendo nicaragüense me da mucha emoción conectar con la gente de mi patria. A todos les doy la bienvenida, a este Facebook Live. Tenía ciertas semanas de no hacerlos puesto que estaba pasando por una situación personal, una situación única. Muchos de ustedes saben que mi madrecita amada como yo siempre le dije y le diré, falleció hace dos semanas. Ha sido algo muy fuerte, muy duro, doloroso. Y como yo digo, momento a momento. Es por eso por lo que quise hoy traer este mensaje. Porque este mensaje va dedicado a todas esas personas, a esos dolientes, a esas personas pasando por la muerte de un ser querido y también va dirigido a esas personas que desean acompañar al doliente. Y le quise llamar a esta plática “el arte de acompañar en el duelo”. ¿Qué me hace llamarle “el arte”? ¡Porque es un arte! Y como yo siempre les he dicho a mis clientes cuando han pasado la pérdida de un ser amado, que las personas tal vez te dicen cosas con la mejor de las intenciones y sientes en tu corazón que no te ayudaron.
Cómo lo hemos dicho en otras ocasiones, en nuestra sociedad occidental no nos gusta hablar de la muerte o hablar del duelo. ¿A quién le gusta? Pero todos pasamos por él…[por eso] quise hablar de esto.
¿En qué consiste tener un arte al acompañar a otros en el duelo? Sabiendo siempre que es acerca de la otra persona. Es acompañar. Es estar ahí. Cuantas veces a mí no me han llamado amistades, familia [y me dicen] “Ligia voy a ir a un velorio, voy a ir a un funeral, voy a ir a visitar a alguien que perdió a un ser amado, ¿qué le digo? No sé qué decirle”.
Lo más grande que podemos hacer es estar ahí. Ofrecer nuestro cariño; ofrecer nuestra comprensión, darles amor, eso es lo que necesitamos. A veces hay palabras que son dichas de nuevo como les decía antes, con la mejor de las intenciones.
A veces lo que más necesitamos es que nos dejen hablar. En inglés decimos “to hold the space”; que te escuchen, que te aguanten nada más el espacio y uno pueda hablar. Que, si uno quiere llorar, que nos dejen llorar; que, si uno quiere gritar, que nos dejen gritar; no decirnos, no te sientas así, no decirnos ella no te querría ver así, o él no te querría ver así, no decirnos tienes que ser fuerte … Siempre lo he dicho en los seminarios, a mis clientes ¿qué significa ser fuerte? ¿Ponernos una careta y pretender que no estamos sintiendo nada? O ser fuerte es tener la capacidad de conectar con tus sentimientos reales y tener esa capacidad espiritual de poder expresarlos y poder hablar y poder escribir y poder sacar todo eso, eso para mí es tener fortaleza y eso siempre se los he dicho a mis clientes. ¿Qué significa ser fuerte para vos?
Este escrito lo he compartido en su totalidad en mi nuevo libro Déjame vivir mi duelo…y sanar de adentro hacia afuera, el cual saldrá publicado en junio, justo para el segundo aniversario de mi madrecita amada. Eso me llena de gozo el corazón.