Cuando estamos en duelo, hay una conversación que no se detiene.
No sucede en voz alta.
Sucede por dentro.
Es la voz que te recibe al despertar y recordar.
La voz que camina con vos durante el día.
La voz que aparece en los momentos de silencio y en los más difíciles.
Y esa conversación interior tiene mucha más influencia de la que solemos imaginar.
Después de una pérdida, muchas personas se repiten frases como:
“No puedo con esto.”
“No puedo seguir sin él / sin ella.”
“Esto es demasiado.”
“Este dolor nunca se va a ir.”
“Mi vida se terminó.”
Cuando el duelo es profundo, estas no se sienten como pensamientos.
Se sienten como la realidad misma.
Y, de algún modo, lo son — porque la manera en que te hablás está dando forma a la manera en que estás viviendo tu duelo.
El mundo interior en el que vivís
El duelo ya duele.
Ya lo cambia todo.
Ya nos pide más de lo que jamás imaginamos poder dar.
Pero el mundo emocional en el que vivís no se crea solo por lo que pasó.
También se crea por la historia que te estás contando sobre lo que pasó.
Tu conversación interior se convierte en el clima emocional de tu vida.
Si tu voz interior repite, una y otra vez:
“No puedo.”
“No soy capaz.”
“Esto es imposible.”
Entonces cada pequeño paso hacia adelante se siente inalcanzable incluso antes de intentarlo.
No porque realmente no puedas,
sino porque tu mundo interior se está organizando alrededor de esas palabras.
La conciencia es el primer movimiento de sanación
Hay algo muy poderoso que sucede cuando empezás a notar cómo te hablás.
No para juzgarte.
No para corregirte.
No para forzarte a cambiar.
Simplemente para hacerlo consciente.
Porque la conciencia crea espacio.
Y el espacio crea elección.
Tal vez no puedas cambiar lo que pasó.
Pero sí podés empezar a cambiar cómo estás parada / parado dentro de lo que pasó.
Eso no es negación.
Eso no es fingir.
Eso no es “ser positiva”.
Eso es presencia interior.
Eso es liderazgo interior.
El dolor es inevitable. El sufrimiento se moldea.
El dolor es parte de amar.
El dolor es parte de perder.
El dolor es parte de ser humano.
Pero muchas veces el sufrimiento crece en la manera en que narramos lo que estamos viviendo.
No es lo mismo decir:
“No puedo vivir sin él / sin ella.”
que
“Todavía no sé cómo vivir sin él / sin ella.”
“Mi vida se terminó.”
que
“Mi vida cambió para siempre, y estoy aprendiendo a estar en esta nueva vida.”
“No soy lo suficientemente fuerte para esto.”
que
“Esto es doloroso, y acá estoy, respirando, un día a la vez.”
La segunda manera de hablar no minimiza el dolor.
Lo honra, sin convertirlo en una cárcel.
La relación que tenés con vos en el duelo
En el duelo no solo extrañás a la persona que perdiste.
También te encontrás con vos misma / mismo de una manera nueva.
Y la manera en que te hablás en esta etapa se convierte en la relación más importante que tenés.
Si tu voz interior es dura, exigente o desesperanzada, la sanación no tiene dónde descansar.
Si tu voz interior empieza, poco a poco, a incluir:
Suavidad.
Paciencia.
Respeto por tu ritmo.
Permiso para estar donde estás.
Entonces algo sutil pero profundo sucede:
No te sentís “mejor” de repente.
Pero empezás a sentirte acompañada / acompañado por dentro.
Y eso lo cambia todo.
Esto no se trata de forzar fortaleza ni positividad
No se trata de decirte que deberías estar bien.
No se trata de apurar el proceso.
No se trata de reemplazar el dolor con frases lindas.
Se trata de aprender a hablarte con verdad y con amabilidad al mismo tiempo.
A veces la frase interior más sanadora es simplemente:
“Sí. Esto no es fácil.”
“Sin embargo, estoy presente conmigo mismo/a.”
Tu conversación interior es tu medicina diaria
Vivís dentro de tus palabras.
Respirás dentro de tus interpretaciones.
Caminás tus días dentro del significado que le das a tu experiencia.
Por eso tu conversación interior no es algo menor.
Es el lugar donde tu sanación es acompañada o se vuelve más pesada.
El primer paso real en el duelo no es algo que hacés en el mundo.
Es algo que empezás a hacer por dentro:
Empezás a cambiar la manera en que te acompañás.
Recordá esto
No sanás olvidando.
No sanás dejando atrás el amor.
Sanás aprendiendo a vivir distinto llevando el amor con vos.
Y la voz que te va a guiar en ese aprendizaje…
Es la tuya.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben



