Hay momentos en la vida en que un evento inesperado lo cambia todo.
Recientemente me fracturé la muñeca izquierda. Siendo zurda, es mi mano dominante. Lo que siguió fue una cirugía reconstructiva, inmovilización y la conciencia de que incluso las tareas más simples ahora requerían ayuda, paciencia y adaptación.
Físicamente, fue una fractura.
Emocionalmente, fue algo más.
Cuando una lesión se convierte en pérdida
Solemos asociar el duelo con la muerte de un ser querido.
Pero el duelo es la respuesta natural ante cualquier pérdida significativa.
Una lesión puede ser una pérdida.
La pérdida de independencia.
La pérdida de la rutina.
La pérdida de fuerza.
La pérdida del cuerpo que damos por sentado.
Cuando mi muñeca quedó inmovilizada, sentí algo más profundo que incomodidad. Sentí vulnerabilidad. Limitación. Frustración.
Y eso también es duelo.
El duelo no reconocido después de una cirugía
Muchas veces minimizamos este tipo de experiencia.
“Es solo un hueso roto.”
“Podría ser peor.”
“Ya vas a sanar.”
Y aunque todo eso sea cierto, no invalida el impacto emocional.
A esto lo llamamos duelo no validado — un duelo real que muchas veces pasa desapercibido.
Cuando no lo reconocemos, lo reprimimos. Y lo que se reprime no desaparece.
Sanar desde adentro hacia afuera
Esta experiencia me recordó que la sanación nunca es solo física.
La recuperación nos pide:
• Paciencia
• Humildad
• Aceptación
• Confianza
• Autocompasión
Nos invita a bajar el ritmo.
Nos invita a permitir ayuda.
Nos invita a reconocer que algo cambió.
Y cuando validamos ese cambio, la sanación se vuelve más profunda.
Si estás atravesando una recuperación física o un cambio inesperado, permitite reconocer la pérdida que puede estar allí.
La validación es el primer paso hacia la transformación.
La sanación ocurre desde adentro hacia afuera.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben



