por Ligia Houben | Dic 30, 2025 | Blog ES
A medida que se acerca un nuevo año, muchos de nosotros sentimos que algo se mueve por dentro.
Junto a ese movimiento suelen aparecer expectativas y, para algunos, una sensación de alivio al ver que el año llega a su fin.
Aunque nada en nuestra vida cambie de un día para otro, el cambio de calendario tiene un peso psicológico.
Crea una pausa: un momento natural para mirar hacia adentro, conectar con nuestro mundo interior y preguntarnos dónde estamos, no dónde “deberíamos” estar.
Un nuevo año no resuelve mágicamente lo que quedó inconcluso.
Pero ofrece algo igual de significativo: un umbral.
Un espacio entre lo que fue y lo que aún está por venir.
Es aquí donde tomamos la decisión.
En esta pausa, muchas veces tomamos mayor conciencia de lo que realmente importa.
Las relaciones que valoramos.
Los valores que queremos vivir.
Las partes de nosotros que resistieron, se adaptaron y permanecieron presentes a lo largo de otro año.
Por eso el Año Nuevo nos toca tan profundamente.
No porque prometa cambios, sino porque nos invita a reflexionar.
No necesitás apresurarte a fijar grandes metas.
Solo necesitás decidir cómo querés vivir el 2026.
A veces, lo más poderoso que podemos hacer es pausar lo suficiente para reconocer lo que estamos cargando y decidir qué queremos soltar y qué queremos abrazar. Se trata de elegir cómo avanzar con sentido.
Al dar el paso hacia el nuevo año, ojalá te permitas esa pausa.
Que honres tu propio ritmo interior.
Y que lo que venga esté guiado por lo que tiene verdadero valor para vos.
Te deseo un bendecido 2026.
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Nov 26, 2025 | Blog ES
Al acercarnos al Día de Acción de Gracias, muchos llevamos una mezcla de emociones en el corazón. La gratitud es una práctica profunda —eleva, nutre y nos ayuda a mantenernos centrados— pero muchas veces aparece junto con momentos sensibles, de nostalgia o de duelo. Y eso es completamente humano.
El Día Acción de Gracias nos invita a hacer una pausa y reconocer las bendiciones que nos rodean. Pero también nos recuerda a quienes ya no están… las sillas vacías, los recuerdos que vuelven, los momentos que desearíamos repetir. Para muchos, la gratitud no borra el dolor; simplemente suaviza los bordes.
A lo largo de los años, una idea que me ha dado consuelo —especialmente después de mis propias pérdidas— es esta:
El duelo y la gratitud pueden coexistir.
Una no anula a la otra.
Ambas expresan amor.
Extrañamos profundamente porque esa persona marcó nuestra vida. La nostalgia habla de la belleza del vínculo y de un amor que continúa. Sentir gratitud por ellos no disminuye la tristeza. Sentir la tristeza no disminuye la gratitud. Las dos son reales. Las dos tienen un lugar.
En este Día de Acción de Gracias, te invito a honrar lo que sea que esté vivo en tu corazón.
Si la gratitud llega fácil, recibila.
Si aparece la tristeza, permitile ser parte de tu día.
Si ambas conviven dentro de vos, eso también es natural. Así se vive el amor.
Podés encender una vela, decir su nombre o guardar un recuerdo cercano. Estos rituales simples nos recuerdan que el amor no termina… cambia de forma.
Y si este año ha sido difícil, recordá:
La gratitud no consiste en fingir que todo está bien.
Es reconocer esos pequeños momentos de luz —la amabilidad recibida, la fuerza que has mostrado, el amor que te acompaña incluso en lo incierto.
En esta celebración, quiero dejarte este pensamiento:
La gratitud no es un punto de llegada; es una práctica suave que nos acompaña según lo que nuestro corazón puede recibir.
Que tu corazón se sienta acompañado hoy.
Que tus recuerdos te den calidez.
Que encuentres conexión, paz y pequeños momentos de esperanza.
De mi corazón al tuyo, te deseo un Día de Acción de Gracias lleno de significado y amor.
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Oct 9, 2025 | Blog ES
Muchas veces decimos que estamos “quemados” o “agotados” ya sea por el trabajo, las responsabilidades o las exigencias del día a día.
Pero… ¿y si lo que sentimos no es solo cansancio? ¿Y si en realidad estamos viviendo un duelo?
El duelo no aparece solamente después de perder a un ser querido. A veces se esconde detrás del exceso de tareas, de la prisa constante y del peso de tener que hacerlo todo.
Las pérdidas que no reconocemos
Cuando vivimos bajo estrés continuo, nuestro cuerpo y mente no descansan. Seguimos haciendo, resolviendo, controlando — hasta que un día colapsamos.
Y detrás de ese colapso hay pérdidas que no siempre nombramos:
La pérdida de libertad — de tener tiempo para respirar, sentir o simplemente ser.
La pérdida del equilibrio — cuando todo se convierte en urgencia.
La pérdida de conexión — con los demás y con nosotros mismos.
La pérdida de alegría — cuando la vida deja de sentirse viva.
El burnout como forma de duelo
El agotamiento puede ser un reflejo de duelos no reconocidos:
El duelo por la vida que teníamos, por la identidad de quien “podía con todo”, o por el tiempo que ya no controlamos.
Lloramos la libertad perdida.
Lloramos la energía que ya no tenemos.
Lloramos la versión de nosotros mismos que se sentía capaz.
No es debilidad. Es el alma pidiendo un respiro.
Del agotamiento a la sanación
Sanar empieza cuando reconocemos el duelo oculto detrás del cansancio.
Nombrar la pérdida abre espacio para la compasión, no para la exigencia.
Preguntate:
¿Qué he perdido que no me he permitido llorar?
¿Qué parte de mí extraño, o qué libertad deseo recuperar?
Si deseas explorar sobre como conllevar este agotamiento emocional te invito a escuchar mi podcast Burnout o duelo: La conexión oculta https://youtu.be/y1Xw2bxy-ro
Recuerdá…¡Tu vida tiene significado!
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Sep 20, 2025 | Blog ES
El burnout está en todas partes
El burnout está en todas partes. Lo escuchamos en el trabajo, entre emprendedores, en la atención de la salud, entre cuidadores e incluso en jóvenes que equilibran estudios y vida. Se describe como agotamiento, estrés o sentirse abrumados. Sentimos que tenemos demasiadas cosas por hacer, demasiadas responsabilidades o incluso demasiada información llegando a nosotros cada segundo del día.
Pero, ¿y si debajo del cansancio el burnout escondiera algo más profundo? ¿Y si el burnout no se tratara solo de hacer demasiado… sino de perder demasiado?
Este es el lado oculto del burnout que rara vez nombramos: el duelo.
Burnout y las pérdidas no reconocidas
Cuando el burnout se apodera de nosotros, no solo estamos agotados: también estamos lamentando pérdidas que a menudo pasan desapercibidas.
Pérdida de equilibrio. El descanso desaparece. Los momentos de alegría son reemplazados por tareas interminables.
Pérdida de identidad. El trabajo o las responsabilidades consumen quiénes somos, dejando poco espacio para nuestra verdadera esencia.
Pérdida de conexión. Las relaciones se desvanecen porque estamos “demasiado ocupados” o “demasiado cansados.”
Pérdida de sentido. Olvidamos por qué hacemos lo que hacemos en primer lugar.
Estas pérdidas pueden no implicar una muerte, pero sí son duelo.
Y cuando el duelo no es reconocido, nos pesa más. Se esconde bajo la etiqueta de “burnout,” lo que nos lleva a tratar los síntomas sin atender la raíz.
Por qué no lo reconocemos como duelo
Culturalmente, se nos dice que el duelo solo pertenece a la muerte de un ser querido. Pero el duelo es mucho más amplio. Es la respuesta natural a cualquier pérdida significativa.
Cuando sufrimos burnout, en realidad podemos estar lamentando:
La versión de nosotros mismos que tenía esperanza, energía y alegría.
El sueño de una vida equilibrada.
La paz que alguna vez sentimos antes de la sobrecarga digital constante.
Como no lo nombramos como duelo, lo descartamos como “estrés” o “problemas de gestión del tiempo.” Incluso pensamos que es “normal” sentirnos así. Y mientras sigamos malinterpretándolo, la sanación se siente inalcanzable.
El costo del duelo no reconocido
Si tratamos el burnout solo como un problema de productividad, perdemos de vista el corazón del asunto. Por eso, consejos como “tómate unas vacaciones” o “aprende a manejar mejor tu tiempo” suelen sentirse superficiales.
Sí, esas cosas pueden ayudar temporalmente. Pero cuando el corazón está de duelo, ningún planificador o aplicación traerá alivio.
El duelo no reconocido se manifiesta como:
Agotamiento crónico.
Desconexión del trabajo o de las relaciones.
Entumecimiento o pérdida de alegría.
Esa sensación persistente de que falta algo.
Y lo que falta no es solo descanso o equilibrio. Lo que falta es conexión, sentido y validación de nuestras pérdidas.
De la conciencia a la transformación: ¿qué podemos hacer?
Reconocer el duelo dentro del burnout es el primer paso, pero no es el último. La sanación comienza cuando respondemos con elecciones intencionales.
1. Aprende a priorizar lo que realmente importa
No todo merece la misma urgencia. El burnout se profundiza cuando tratamos todas las tareas como iguales y descuidamos lo que de verdad importa. Priorizar es una manera de proteger tu energía y alinearte con tus valores.
Elige tus tres prioridades principales cada mañana.
Pregúntate: “Si solo logro estas tres cosas hoy, ¿me sentiré alineada?”
Suelta o pospone lo que no es esencial hoy.
Aprende a delegar cuando sea posible.
Cuando priorizas con intención, honras tus límites y tus valores. Esto abre espacio para la sanación, la claridad y la energía renovada.
2. Redefine la productividad
En lugar de preguntar “¿Qué logré hoy?” prueba con:
“¿Qué me hizo sentir satisfecha hoy?”
“¿Qué me dio plenitud?”
Este cambio nos ayuda a salir de las listas interminables de tareas y volver a lo que realmente importa.
3. Crea límites con compasión
El burnout se alimenta del “demasiado”: demasiada información, demasiados compromisos, demasiadas expectativas. Empieza de a poco:
Apaga las notificaciones de una aplicación.
Di no a una tarea extra esta semana.
Regálate un poco de “tiempo para mí” un par de días por semana.
Los límites no son muros: son actos de autorrespeto que le dan espacio al duelo y a la sanación.
4. Ritualiza el descanso
El descanso no es pereza. Es medicina. Crea rituales sencillos que le digan a tu mente y a tu cuerpo: yo también importo.
Una caminata matutina sin el teléfono.
Escribir en un diario cinco minutos antes de dormir.
Una práctica semanal de desconexión total durante una hora.
Cuando el descanso se convierte en rutina, se vuelve sagrado, no opcional.
5. Reconéctate con el sentido
El burnout se siente peor cuando la vida pierde significado. Pregúntate:
“¿Qué sigue siendo valioso para mí?”
“¿Qué acción pequeña me acerca a ese valor?”
El sentido no siempre se encuentra en grandes gestos: muchas veces comienza con elecciones simples que nos dan vida.
6. Busca comunidad, no aislamiento
El aislamiento profundiza el burnout. La sanación ocurre cuando compartimos nuestras historias y descubrimos que no estamos solos.
Habla con el corazón con un amigo de confianza.
Únete a un grupo de apoyo.
Busca espacios donde tu duelo — incluso si es “duelo oculto” — pueda ser validado.
La comunidad transforma el burnout de un sufrimiento silencioso en una fuerza compartida.
Un recordatorio del corazón
El burnout no se trata solo de trabajar demasiado o descansar demasiado poco. Se trata de lo que la vida nos quita cuando estamos estirados hasta el límite: nuestro equilibrio, nuestra identidad, nuestro sentido, nuestra alegría.
Por eso, reconoce tu duelo como merece ser nombrado.
La buena noticia es que hay esperanza: una vez que lo nombramos, podemos cambiarlo. Podemos poner límites, recuperar el descanso, reconectar con nuestro sentido, volver a nuestra esencia y redescubrir la pertenencia.
Es importante reconocer que el burnout no tiene por qué ser el final de nuestra energía, sino una invitación a reimaginar y visualizar cómo queremos vivir.
Da hoy un pequeño paso: nombra lo que has perdido y elige una forma de honrarte. La transformación no ocurre de la noche a la mañana, pero comienza en el instante en que te das permiso de sanar.
Recordá siempre que… ¡tu vida tiene significado!
Ligia M. Houben
por Ligia Houben | Ago 29, 2025 | Blog ES
Cuando la vida parece injusta
Hay momentos en que la vida no sale como esperábamos. Trabajamos, soñamos, planeamos… y, aun así, el resultado no es el que imaginábamos. Estas desgracias pueden dejarnos con sentimientos de decepción, derrota o incluso vergüenza.
Con frecuencia, la primera pregunta que nos hacemos es: “¿Por qué fracasé?”
Esta pregunta, aunque natural, puede dejarnos atrapados. Nos empuja a culparnos en lugar de aprender.
Pasar de la culpa al aprendizaje
En el acompañamiento y el coaching, entendemos las desgracias no como sentencias finales, sino como experiencias que traen retroalimentación. En vez de quedarnos en el “¿Por qué fracasé?”, podemos transformar nuestro diálogo interno hacia:
• “¿Qué puedo aprender de esta desgracia?”
• “¿Qué me muestra esta situación acerca de mí, de mi proceso o de mi entorno?”
• “¿Cómo puedo usar esta experiencia como un escalón y no como un tropiezo?”
Este cambio no niega el dolor—lo resignifica. Nos permite pasar de dar vueltas en lo que salió mal a descubrir cómo podemos levantarnos con más fuerza.
Recursos para afrontar las adversidades
Cuando enfrentamos una desgracia, contar con recursos es esencial:
• Fortaleza interior: escribir en un diario, meditar, orar—herramientas que nos ayudan a procesar la decepción en vez de reprimirla.
• Perspectiva compasiva: en lugar de etiquetarte como “un fracaso”, reconoce que atravesaste una situación difícil que no se dio como esperabas.
• Redes de apoyo: compartir tu desgracia con otros suele revelar que no estás solo en la experiencia.
• Mentalidad resiliente: ver las desgracias como redirecciones y no como finales.
Levantarse con más fuerza
Cada desgracia lleva dentro la semilla de una fortaleza nueva. Quizás no lo sentimos en el momento, pero al procesar la decepción descubrimos: seguimos aquí, seguimos aprendiendo y seguimos teniendo la capacidad de avanzar.
La verdad es que las desgracias no nos definen. Lo que nos define es la manera en que elegimos responder.
Reflexión para vos
Piensa en una desgracia reciente. En vez de preguntarte “¿Por qué fracasé?”, intenta esto:
«¿Cuál es una enseñanza o una nueva perspectiva que puedo llevar conmigo a partir de esta experiencia?»
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Huben
por Ligia Houben | Ago 27, 2025 | Blog ES
Por qué evitamos hablar de testamentos
Agosto es el Mes de Hacer un Testamento—un recordatorio amable sobre algo que muchos evitamos: preparar un testamento.
¿Por qué lo posponemos?
Pensamos que somos demasiado jóvenes.
Nos incomoda enfrentar la idea de la muerte.
Creemos que puede esperar hasta “algún día.”
Pero evitar este paso no nos protege—muchas veces deja a nuestras familias sin preparación en uno de los momentos más difíciles de sus vidas.
Un testamento es más que un documento legal
Muchos ven un testamento como una formalidad fría y legal. En realidad, es un acto profundo de amor y responsabilidad.
Un testamento te permite:
Asegurar que se respeten tus deseos.
Reducir el estrés y los conflictos entre tus seres queridos.
Brindar claridad en un momento de dolor y confusión.
Dejar un legado de cuidado en lugar de preguntas sin respuesta.
Lo que he visto como especialista en duelo
Como tanatóloga, he acompañado a familias en su duelo por muchos años. He visto la diferencia cuando existe un testamento—y cuando no.
Con testamento: Las familias siguen llorando, pero lo hacen con más paz. Hay claridad. Su ser querido pensó en ellos y dejó una guía para las decisiones difíciles.
Sin testamento: El duelo suele hacerse más pesado. Las familias enfrentan estrés, incertidumbre y, a veces, conflictos dolorosos además de la tristeza.
Es lo mismo con las voluntades anticipadas. Cuando estas conversaciones no ocurren, los seres queridos se quedan adivinando deseos—muchas veces en medio de una crisis.
No tener la conversación no nos protege. Solo pospone el dolor y se lo transfiere a quienes amamos.
Un paso de amor este agosto
El Mes de Hacer un Testamento no se trata de papeles—se trata de valentía. Antes de que termine el mes, si has estado dudando, tomá esta decisión. Te dará paz interior. Recordá que se trata de transformar el miedo en claridad y el silencio en paz.
Preguntate lo siguiente, según tu realidad (que cambia con el tiempo):
¿Tengo un testamento preparado?
Si lo tengo, ¿está actualizado?
Si no, ¿podría ser este el mes en que dé este paso de amor por mi familia?
Reflexión final
Hacer un testamento no significa que estés listo para morir—significa que estás listo para vivir con responsabilidad, con amor y con propósito.
Este agosto, transformemos la evasión en acción y el miedo en un legado de amor.
De mi corazón al tuyo,
Ligia M. Houben, MA, FT
Tanatóloga | Especialista en Duelo | Autora | Conferencista